jueves, 10 de abril de 2014

IOLANDA FRESNILLO DE VUELTA EN HAITÍ

Cuando Iolanda Fresnillo viajó por primera vez a Haití, hace más de un año, intuía el desastre económico y social que se iba a encontrar. Una imagen preconcebida, pero crítica, de una realidad latente. Una realidad que poco podía sorprenderle, pues como militante de la Plataforma por la Auditoria Ciudadana de la Deuda (PACD) e investigadora en el Observatorio de la Deuda en la Globalización (ODG), es conocedora de los quehaceres de los organismos internacionales en situaciones de emergencia. El proyecto iniciado por Iolanda, Haití, los otros terremotos en 210 años y 1460 días, tenía, y continúa teniendo, como objetivo evidenciar la mala gestión de las ayudas y tratar de esclarecer, qué, quién, por qué y con qué objetivos, dirige el entramado de asistencias internacionales.



En su primer viaje, de seis semanas de duración, Iolanda pudo confirmar sus sospechas, en cuanto a la gestión de las ayudas, que en general, terminan en manos de empresas europeas y norteamericanas, impuestas para la reconstrucción, en perjuicio del tejido empresarial haitiano y dirigiendo su trabajo en dirección opuesta a lo que los ciudadanos reclaman. Todavía hoy, 172.000 personas, según cifras oficiales, continúan viviendo en campos de refugiados, mientras prolifera la construcción de hoteles de lujo, escuelas privadas o empresas, para beneficio de multinacionales extranjeras.



República de las ONG y expolio organizado
Las ONG conforman un tejido de ayudas desorganizado que contribuye al enmascaramiento de los negocios que empresas privadas emprenden bajo el denominado capitalismo del desastre además de a la desestatalización de los servicios sociales. En Haití, las ONG llevan presentes más de dos décadas, pero fue a partir de 2010 cuando su actividad ha crecido sustancialmente. Activistas haitianos no dudan en calificar estas ayudas como ‘República de las ONG’ o ‘Invasión de las ONG’, pues éstas han creado un tejido organizativo mayor que el del propio Estado haitiano. Esta ‘república’ de las ayudas no solo tiene esa cara amable de las ONG. Miles de soldados de diferentes nacionalidades continúan desplegados en Haití, bajo bandera propia o enrolados en los cascos azules de la MINUSTAH. Una desorganizada fuerza de ocupación que patrocinan las ayudas internacionales y que, sin duda, facilita el trabajo de multinacionales de diversa índole por todo el país.
La reconstrucción ha sido un fracaso y las cifras lo corroboran. Más de cuatro años después del terremoto, las organizaciones haitianas calculan en 300.000 las personas que todavía viven en campos de refugiados gestionados por ONG o entidades privadas, una cifra que duplica las oficiales. El 80% de los colegios no son gestionados por el gobierno haitiano. Tan sólo el 1% de la ayuda de emergencia, y el 15% de la ayuda a la reconstrucción ha sido canalizada a través de las administraciones haitianas. El tejido empresarial del país se ha visto gravemente reducido. Multinacionales extranjeras se benefician de las ayudas para la reconstrucción y otras se afanan en conseguir contratos de explotación de las actividades mineras en el país, tras la aprobación de una Ley de minería, impulsada por el Banco Mundial según militantes del Colectivo contra la minería. Una carrera por el control del oro que se disputan entre otras la canadiense Unigold y las estadounidenses Newmont y Barrick Gold. Unas actividades mineras que dilapidarán, la ya de por sí maltrecha, soberanía alimentaria del país. Un expolio continuo, que ha derivado en la deforestación casi por completo del país, que pasó de un 60% de masa forestal en los años veinte del siglo pasado a un 2% calculado en 2006. Una deforestación que unida a la pobreza, el 80% de los haitianos viven bajo el umbral de la pobreza, contribuyen a hacer más vulnerable el país ante las continuas inclemencias y fenómenos atmosféricos, y que genera un terreno sin masa arbórea que se ve incapaz de retener agua, lo que contribuye al aumento de la precariedad. Un país rico en oro y paradójicamente pobre en recursos hídricos, en una de las zonas más lluviosas del planeta.
Continuar el proyecto
Iolanda volverá a viajar a Haití en mayo, para continuar el trabajo, realizar algunas entrevistas más y concluir la supervisión del mismo con ayuda de activistas locales. El proyecto que inició tiene como punto de vital importancia la publicación de un libro, que en definitiva ponga al alcance de cualquiera la información recopilada durante este tiempo. ‘Haití, los otros terremotos’ será una compilación de textos propios y de militantes de los movimientos sociales haitianos que tratará de reflejar fielmente la situación del país, los porqués de la llegada a este punto y el contexto previo a la catástrofe, que ya hacía de Haití el país más pobre de América antes del terremoto.




Iolanda se encontrará a su regreso a La Hispaniola, un país que se revela ante una situación casi insostenible y que vive en un clima de creciente  movilización por un salario digno y en contra de la minería. En ese contexto llega el final de trayecto de años de trabajo e investigación que se reflejan en el blog haitiotrosterremotos.info y las colaboraciones en medios de comunicación. Una labor que finalizará con la presentación de la exposición fotográfica y la publicación del libro para mediados de octubre.
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